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Movilidad ferroviaria

Un cartel publicitario de los FFS de los años 1950

Un cartel publicitario de los FFS de los años 1950© SBB

«¡El listo viaja en tren!» Este fue uno de los eslóganes más utilizados por los Ferrocarriles Federales Suizos (FFS).

El gran interés de los viajeros por el proyecto Ferrocarril 2000 indica qué gran importancia tiene para los suizos el buen funcionamiento del servicio ferroviario. El tren es considerado por muchos como el medio de transporte más cómodo y menos estresante para viajar de A a B porque se evita de esta manera los atascos del tráfico automóvil y se disfrute a la vez de la belleza del paisaje y de tener las manos libres para leer el periódico o para ir adelante con los trabajos pendientes.

En los últimos 150 años, los ferrocarriles han contribuido muchísimo al devenir de la Suiza de hoy. Han fomentado la economía en el siglo XIX. Los empresarios podían transportar más mercancía que nunca. A razón de la carencia de materia prima, los industriales se especializaron en la fabricación de productos de alta calidad, una especialización que todavía hoy constituye una de las características más típicas de la economía suiza.

Los turistas acudieron en masas para disfrutar de los deleites de las montañas suizas. De las posibilidades del transporte rápido no se beneficiaron sólo las clases adineradas, también la más numerosa clase media pudo cosechar los frutos de las nuevas vías de transporte a pesar de tener menos tiempo y menos dinero para hacer vacaciones. Con la importación de trigo y productos cereales del extranjero en los trenes, los campesinos suizos tuvieron que reorientarse y explotar la industria lechera que prometía más beneficios que el trabajoso cultivo de cereales.

Los trenes cambiaron la manera de vivir de los suizos. Promovieron la movilidad en Suiza. En los primeros cincuenta años de la existencia de los ferrocarriles suizos, el número de viajes se multiplicó por 100. Muchos labradores y jornaleros abandonaron el campo para instalarse en las ciudades donde las nuevas industrias florecían.

Los ferrocarriles alteraron también el aspecto general del paisaje, y eso no sólo a causa de la construcción de vías, puentes y túneles, o por los cambios en la agricultura, también la flora en las laderas se transformó: para evitar desprendimientos de tierras o inundaciones que pudieran destruir los raíles fue necesario plantar árboles en las laderas devastadas por las talas incontroladas.

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