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El ecobarrio como precursor de la sociedad de los 2.000 vatios

El ecobarrio Gundeldinger Feld en Basilea (nueva ventana)

Gracias a sus tejados vegetales, el antiguo barrio industrial Gundeldinger Feld se transforma poco a poco en un verdadero oasis verde en el corazón de la ciudad de Basilea.© kantensprung AG

 

En Suiza como en varios países vecinos, los ecobarrios o barrios sostenibles despiertan un interés creciente no sólo entre urbanistas, políticos y profesionales de la construcción, sino también entre los ciudadanos. Aunque se trata de intentos todavía modestos, los proyectos que florecen por doquier en el país son muy ambiciosos en materia de urbanismo controlado, ecología y calidad de vida, incluso en los centros de grandes ciudades.

 

Cero carbono, cero desechos, cero coches

¿Qué es un ecobarrio? Según los especialistas en la materia se trata de un barrio urbano construido o renovado de acuerdo con los grandes principios del desarrollo sostenible, con el objetivo de reducir al máximo la huella ecológica de sus habitantes. Entre estos principios se encuentran en particular la utilización de materiales renovables y reciclables de la construcción, la eficacia energética de los sistemas de calefacción y la limitación drástica de las emisiones de CO2 que ello genera, la eliminación de las energías fósiles, la recuperación de las aguas pluviales y el aprovechamiento de los residuos domésticos por medio de, por ejemplo, la producción de compost. 

 

Más allá de la puesta en marcha de las tecnologías limpias, el ecobarrio propone además a sus habitantes adoptar un nuevo modo de vida. Así, en la inmensa mayoría de los proyectos se excluye el uso del coche individual como medio de transporte en beneficio de un fácil acceso a los transportes públicos y a coches utilizados por múltiples usuarios. También se concede una gran importancia a la idea de la mezcla social y funcional del hábitat, en oposición a los esquemas tradicionales que contribuyeron al aislamiento de grupos sociales y generacionales en las ciudades contemporáneas y a una separación de los barrios sólo residenciales de las zonas comerciales o industriales.

 

Del barbecho industrial al ecobarrio

Una decena de proyectos de ecobarrios vio la luz o está en proceso de realización en Suiza. En su mayoría se trata de reconversiones de antiguas zonas industriales, de solares urbanos o ferroviarios abandonados.

 

Primero en su género, el Gundeldinger Feld surgió en Basilea como resultado de la transformación de una fábrica abandonada. Alberga hoy a cerca de 70 inquilinos, entre los cuales se encuentran talleres artesanales, restaurantes, una guardería, un teatro, una biblioteca y un club para jóvenes. Gracias al aislamiento de tejados y suelos de la antigua fábrica y a la instalación de paneles solares, se logró reducir a la mitad el consumo energético de este pequeño mundo.

 

En Lausana, en la Suiza occidental, se construirá pronto uno de los ecobarrios más grandes de Suiza. El proyecto con el nombre tan apropiado de “Metamorfosis” pretende, en efecto, readaptar el terreno del antiguo estadio olímpico de la ciudad a un barrio de alto valor ecológico. A largo plazo acogerá a cerca de 5.000 habitantes en una superficie de 30 hectáreas, es decir, el equivalente de 40 campos de fútbol. A ello se añadirán talleres para unos 300 artistas y artesanos. El objetivo declarado de los diseñadores es reducir a cero el nivel de emisiones de CO2 por medio de una mejora de la calidad térmica de los edificios y de la elección adecuada de las fuentes energéticas

 

¿Utopía o visión de futuro?

Algunas voces denuncian el carácter utópico de los ecobarrios y desconfían de su capacidad para imponerse un día como estándar urbanístico. Los proyectos actuales en Suiza son, desde luego, sólo unas gotas de agua en un océano de construcciones convencionales. Sin embargo, abren perspectivas interesantes para poner fin al despilfarro de energía.

 

Todos estos proyectos se encuadran en una visión de futuro de la que Suiza pretende ser ferviente defensora: “la sociedad de los 2.000 vatios”. Desarrollada por investigadores de las Escuelas Politécnicas Federales y apoyada por el Gobierno suizo, esta visión propone rebajar el consumo de cada habitante del planeta a 2.000 vatios hasta el año 2100. El umbral de 2.000 vatios no tiene nada de utópico ya que corresponde a la actual media mundial de consumo energético por individuo. Pero este consumo todavía presenta disparidades enormes: mientras en Suiza se consumen una media de 5.000 vatios por persona, se gastan unos 12.000 en Estados Unidos y solamente 500 en Etiopía.

 

Reducir el consumo de energía garantizando a la vez una óptima calidad de vida: éste es el delicado equilibrio que proponen someter a prueba los laboratorios de tamaño natural que son los ecobarrios.

 

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