Portal de información de Suiza

Your Gateway to Switzerland

Primeros mercados extranjeros

Relojes pares representando la montaña sagrada del taoísmo (nueva ventana)

Estos relojes pares, que representan la montaña sagrada del taoísmo, fueron probablemente fabricados entre 1780 y 1810 por los relojeros ginebrinos del taller de James Cox. A cada hora se mueven los elefantes y las figuras.© Geneva clock and enamel museum

Entre el siglo XVII y el XIX, Asia era un mercado importante para la relojería suiza. El primer centro del comercio exterior era Constantinopla, ciudad en la que el padre de Jean-Jacques Rousseau era el primer responsable oficial de los relojes en el Palacio Topkapi.

Más tarde Suiza empezó también a exportar relojes a China, donde el reloj se convirtió en un producto muy solicitado a mediados del siglo XVIII durante la dinastía Qing. El auge de la exportación a China se alcanzó en la década de los años 1810, pero con el estallido de la guerra del opio en 1839 se hundió de nuevo.

Los relojes se fabricaban según el gusto particular del cliente. A veces se trataba de relojes muy complejos y a veces menos. En Turquía y en China se apreciaban sobre todo los relojes con escenas animadas y sonido, a veces dotados con motivos locales creados especialmente para la clientela.

Para el mercado chino se fabricaban siempre modelos de dos en dos. Esta peculiaridad tenía que ver con la tradición china de regalar siempre dos ejemplares del mismo objeto. También los comerciantes ingleses se atenían a esa costumbre china, pero los ginebrinos los aventajaban, invirtiendo las decoraciones de los relojes, es decir uno de los dos ejemplares era la imagen invertida del otro.

En el siglo XIX los relojeros ginebrinos fabricaban los «relojes Rajah» para la India. Gran popularidad alcanzaron los retratos esmaltados de fotos que los clientes les mandaban a propósito.

El éxito no dio suerte a todos los relojeros. El zuriquense Rudolf Stadler, que a mediados del siglo XVII trabajaba para el sha de Persia, fue calumniado por un competidor local y acabó en el cadalso. El sha se arrepintió pronto, sobre todo porque poco después de la ejecución de Stadler, su reloj se paró y no había nadie que podía repararlo. La tumba de Stadler se puede ver todavía hoy en el cementerio armenio de Ispahán.