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Introducción

Relojes en el mercado de cebolla en Berna (nueva ventana)

Fabricado en Suiza, este despertador nunca ganará un premio por su exactitud. Una muestra en el mercado de cebolla en Berna ilustra el amor de los suizos por el reloj.© swissworld.org

«¡No puedo de ninguna manera permitirme llegar tarde a la escuela!» «¡Es realmente indispensable que pillo este tren!» «¡Los negocios cierran y mi nevera está vacía!» «¡Todavía me toca trabajar dos horas hasta que termine la jornada!» Situaciones como estas y otras muchas nos demuestran la importancia de la hora en nuestras vidas.

Menos conocido es el hecho de que el tiempo nos permite localizar nuestra ubicación. Hasta hoy los cronómetros siguen siendo un instrumento útil para determinar la localización. El desarrollo de relojes precisos y robustos experimentó a lo largo del siglo XVIII un auge importante, cuando se necesitaban instrumentos de navegación; y hoy, los sistemas de navegación por satélite nos proporcionan indicaciones de lugares muy exactos gracias a los relojes atómicos.

Hoy consideramos las indicaciones exactas de la hora como lo más natural del mundo, pero no fue siempre así. Durante mucho tiempo los relojes eran muy caros y un símbolo de riqueza. El reloj de pulsera es una invención del siglo XX. Los relojes antiguos se llevaban colgados de una cadena, en bolsillos interiores o de pantalones y en cinturones. El reloj era normalmente más bien un adorno que un simple instrumento para medir el tiempo.

La industria relojera destaca por su fuerza de innovación que precisa de mucha imaginación, destreza, creatividad, paciencia y espíritu comercial. Un gran desafío constituyen sobre todo las cuestiones siguientes: ¿Cómo se puede minimizar en una caja de reloj el espacio necesario para siempre más funciones complejas? ¿Cómo se pueden combinar precios asequibles con una alta precisión y fiabilidad del reloj? ¿Cómo puede la industria relojera suiza conseguir quedar en la vanguardia de la competición mundial?

Algo se puede dar por seguro: el tiempo no se para nunca...