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Comienzos de la relojería suiza

Reloj de viaje fabricado por Abraham-Louis Breguet en 1796 (nueva ventana)

Reloj de viaje fabricado por Abraham-Louis Breguet en 1796 y luego vendido a Napoleón. Indica el mes, la fecha y el día de la semana y las fases de la luna.© Swiss National Museum LM-71987

La historia de la industria relojera suiza tuvo momentos de auge y de baja. Tras un comienzo muy dificultoso en el siglo XVII, experimentó un auge en el siglo XIX, un auge que se estancó repentinamente en los años 70 del siglo XX. Gracias a medidas valientes se pudo recuperar la industria relojera hacia finales del siglo XX y cuenta hoy entre los sectores más eficaces de la economía de exportación suiza.

Los primeros países que fabricaron relojes fueron Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Durante mucho tiempo, los relojes tenían principalmente dos funciones: eran, por una parte, bienes de lujo para monarcas y nobles adinerados y, por otra, instrumentos exactos para la navegación marina. Puesto que en Suiza no había una nobleza poderosa ni una navegación marina, el desarrollo de la industria relojera tardó bastante en dar pie en este país alpino.

Los comienzos

A comienzos del siglo XVII, la fabricación de relojes empezó a prosperar en Ginebra. Ginebra ya era un centro del diseño y del mercadeo antes de su adhesión a la Confederación Suiza en el año 1815.

Muchos relojeros suizos adquirieron su maestría en el extranjero. El más conocido entre ellos era Abraham-Louis Breguet (1747-1823). Nació en Neuchâtel (Suiza), hizo su aprendizaje en Versalles y vivió durante mucho tiempo en Londres antes de asentarse definitivamente en París.

Breguet es considerado por muchos como el «relojero más grande de todos los tiempos». Inventó y desarrolló una serie de innovaciones como el torbellino (un aparejo que hace posible el funcionamiento liso de las ruedas de impulsión independientemente de la fuerza de gravedad) y desarrolló el «reloj de sacudida» al que se le da cuerda. La idea para la fabricación de este reloj vino de otro suizo, de Abraham-Louis Perrelet (1729-1826).

Desarrollo de la industria relojera

Los relojeros suizos no eran sólo muy innovadores respecto al desarrollo de nuevos modelos relojeros, también eran muy hábiles comerciantes que encontraron un sólido apoyo en el sistema bancario suizo. La industria relojera suiza era por eso desde el mismo principio un sector orientado a la exportación. Los comerciantes relojeros viajaron a aquellos países donde podían vender sus productos. Es allí donde se podían enterar de las predilecciones y de los gustos de otros países.

Los relojeros suizos copiaban al principio los modelos franceses e ingleses. Gracias a su producción más eficaz eran capaces de fabricar copias piratas más baratas que sus competidores en otros países. Cuando se había establecido definitivamente la industria relojera en Suiza, pudieron empezar a crear sus propios modelos.

Los componentes se fabricaban en hogares privados o en pequeños talleres en los pueblos cercanos a Ginebra. Para el montaje final se mandaban las piezas a la relojería en Ginebra.

Reloj de bolsillo para hombres fabricado por Roches y Eynouf, Ginebra, entre 1740 y 1750 (nueva ventana)

Reloj de bolsillo para hombres fabricado por Roches y Eynouf, Ginebra, entre 1740 y 1750. En la caja de esmalte se ve un paisaje con ruinas. El reloj es de oro con agujas de plata.© Swiss National Museum Zurich LM-34975

Relojes como objetos accesorios

Durante mucho tiempo los relojes no eran objetos simples como los son hoy. No se llevaban en la manga (los relojes de pulsera todavía empezaron a ser populares en el siglo XX), se llevaban colgados en cadenas, en los bolsillos interiores o del pantalón y en cinturones. Se llevaban más bien como joyas y no sólo como instrumentos cronométricos.

Los artesanos ginebrinos dieron mucha importancia a la decoración de sus productos. De ello resultó la técnica desarrollada en Ginebra en 1760 para revestir pinturas con una capa de barniz esmalte que también se empezó a utilizar en la fabricación de relojes.

La industria relojera pudo, además, aprovecharse de los conocimientos de la industria autómata, es decir de los mecanismos que imitan figuras impulsadas. En su variante más sencilla se trataba de una figura que señalaba la hora con los brazos. Mecanismos más complejos posibilitaban la animación de enteras escenas, más tarde acompañada de sonido: al principio eran simples tañidos, después sonaban enteras melodías parecidas a las de los autómatas de música.

Michel de Montaigne (1533-1592), Diario de viaje. El escritor francés pasó por Suiza en su viaje a Italia en 1580-81:

«Son muy superiores a nosotros [en la forja], y además no hay iglesia [en la región basilense] por más pequeña que sea que no posea un magnífico reloj de torre y un reloj de sol.»

No es así que los incautos puedan confiar en él:

«El reloj [en Basilea] siempre toca con una hora de retraso. Si toca las diez son en realidad las nueve; dicen que es así porque este fallo en su reloj ayudó una vez a proteger la ciudad de un ataque.»

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