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Elección del Gobierno suizo

Los dirigentes del Consejo Federal son elegidos por el Parlamento. Todos los miembros del Consejo Federal toman las decisiones en responsabilidad conjunta. El Consejo Federal es un colectivo colegial, sus ejecutivos tienen que hacer compromisos para llegar a un acuerdo firme. Sin embargo, algunos analistas políticos ven en el sistema colegial un método para amansar el disentimiento y traer adversarios potenciales al gobierno.

Al retirarse o morir un consejero federal, el Parlamento elige su sucesor o sucesora en el cargo. Teóricamente, cada suizo podría ser un candidato para este cargo, sin embargo, la costumbre parlamentaria favorece la elección de un político que ha sido presentado oficialmente como candidato por su partido. Los miembros del Gobierno suizo no son miembros del Parlamento federal.

Tras la elección al Consejo Federal, el elegido permanecerá en el cargo durante el resto del período legislativo vigente. Cada consejero se presenta automáticamente a la reelección en el Parlamento tras el renuevo electoral del mismo, a menos que no se quiera retirar del cargo. Normalmente, esta reelección suele ser una formalidad. La gran mayoría de los consejeros federales son reafirmados en el cargo y suelen desempeñarlo hasta que se decidan a dejarlo.

Se requiere cierta representatividad en el Consejo Federal, sobre todo en lo que se refiere a las distintas regiones lingüísticas del país. Se quiere evitar que predominen los de las zonas urbanas o del área de expresión alemana. Antes de que entrase en vigor la nueva Constitución federal el 1 de enero de 2000, no podía haber dos consejeros del mismo cantón en el Gobierno suizo. Ahora es posible, pero se siguen haciendo esfuerzos para mantener el equilibrio representativo entre las distintas regiones del país. En los últimos años también hubo una tendencia hacia una mejor representación femenina en el Consejo Federal.

La «fórmula mágica»

De 1959 a 2003 los siete asientos del Consejo Federal se distribuían entre los partidos políticos más potentes según la denominada «fórmula mágica». Esta fórmula adscribía dos escaños a los partidos más grandes en aquel entonces, a los radical-demócratas, los socialistas y los demócrata-cristianos, y un escaño a los demócrata-unionistas.

Tras las elecciones al Parlamento en el 2003, esta fórmula se quebró gracias a los votos ganados por los populares de la Unión Democrática del Centro (UDC). Para mantener igual el número de mandatarios en el Consejo Federal, el partido del Gobierno que menos votos consiguió, que fue el Partido Demócrata-Cristiano (PDC), tuvo que ceder un asiento a los demócrata-unionistas.

A continuación, el Parlamento suizo se vio obligado a revocar un consejero del PDC y votar un candidato de la UDC como sustituto. Fue la primera vez que se revocó un miembro del Gobierno que se presentó a la reelección; se trató en este caso de la joven consejera Ruth Metzler del PDC.

Esa no-elección de un candidato se volvió a producir con ocasión de la elección del Consejo Federal en diciembre de 2007. El Parlamento eligió en lugar del consejero en funciones una candidata inoficial más moderada de la UDC. Tras esta «revuelta palaciega» del Parlamento los dirigentes de la UDC decidieron no reconocer más a los consejeros federales del propio grupo parlamentario y declararon ser un partido de oposición al no considerarse representados convenientemente en el Gobierno.