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Pros y contras de la democracia directa

La democracia directa es lenta porque hay muchas instancias y poderes que pueden intervenir en el trámite legislativo. Las contiendas políticas y la busca de un compromiso contundente son variables determinantes del panorama político suizo.

La votación popular es a la vez un instrumento importantísimo para el votante suizo, porque multiplica sus medios de participación, pero, al mismo tiempo, puede frenar reformas o cambios políticos, porque desde la aprobación de una iniciativa popular hasta su materialización jurídica pueden transcurrir muchos años.

Los defensores del sistema democrático-directo dicen que obliga a los diputados de la Asamblea federal a buscar un compromiso cuando se está debatiendo sobre un proyecto de ley, lo cual no hace necesario insistir en puntos controvertidos porque esto significaría que el proyecto en su conjunto estaría en peligro.

La democracia directa también brinda a la oposición y a los grupos minoritarios la oportunidad de provocar una discusión sobre asuntos que en otros sistemas democráticos se omiten con más facilidad.

Los críticos de la democracia directa destacan, sin embargo, la lentitud y la pesantez del proceso político. Pueden transcurrir cinco años hasta que una iniciativa popular se convierta en ley. Además, el referéndum también es un instrumento para dilatar reformas sociales o políticas.

Un ejemplo al respecto es la aprobación tardía del sufragio femenino. En 1959 fue aprobado por el parlamento pero no entró en vigor por la negativa del pueblo electoral (masculino) en el referéndum subsiguiente. Los hombres suizos concedieron el derecho de voto a sus conciudadanas todavía en el año 1971.

Los críticos también señalan que la regla de la «doble mayoría» da una ventaja muy grande a los cantones pequeños generalmente más conservadores.

La doble mayoría fue por ejemplo decisiva en la votación sobre el ingreso de Suiza en el Espacio Económico Europeo (EEE) en 1992. Había casi tantos votos a favor como en contra, pero una mayoría rotunda de 16 cantones rechazó el referéndum contra 7 cantones que estaban a favor.

Pero para reformar este sistema electoral se necesitarían precisamente los votos de estos pequeños cantones que lógicamente no están dispuestos a renunciar a ese poder.

En un mundo efímero con una comunicación instantánea y una globalización en apogeo, el reto de congeniar la participación democrática con una mayor eficacia del proceso político no se puede alcanzar de una vez para todas, ni en Suiza ni en otras partes del mundo.