Philippe Suchard
Con el perfeccionamiento de los procesos manufactureros la demanda de chocolate experimentó un incremento sin precedentes en toda Europa.
Philippe Suchard (1797 - 1884) dio otro paso más en este sentido cuando en 1826 inventó una batidora para la mezcla del azúcar con el cacao en polvo. La máquina consistía de una vajilla de granita calentada y pequeñas ruedas de granito que se movían hacia adelante y atrás. Este procedimiento básico todavía se usa hoy en la fabricación de chocolate.
Según las memorias de su hermana Rosalie, Suchard quedó impresionado por primera vez de las posibilidades de ganancia que ofrecía la industria chocolatera a los doce años, cuando se fue a Neuchâtel, una ciudad situada a dos horas de camino de su pueblo natal, para comprar chocolate a su madre enferma −en aquella época se le atribuía al chocolate un efecto medicinal−. En aquel entonces una ración de 500 gramos costaba tanto como un obrero solía cobrar por tres días de trabajo.
Seis años más tarde empezó a trabajar como aprendiz en la chocolatería de su hermano mayor que entonces ya era un confeccionista renombrado en Berna. Tras ocho años de trabajo duro, empleó sus ahorros para viajar a América y para establecer a su regreso una fábrica modesta en Serrières.
Otras actividades
Philippe Suchard no se limitó a mejorar la confección del chocolate. En 1834 trajo el primer buque de vapor al Lago de Neuchâtel, el «Industrial», y al año siguiente introdujo el primer vapor en el Lago de Thun, el «Bellevue»; la nave se hundió en una tormenta en 1864 y fue redescubierta en 2002.
Su experiencia en la navegación lacustre le llevó a respaldar varios proyectos de conducción de ríos en la región del Jurá, cuya realización contribuyó a poner fin a las inundaciones con la baja del nivel de los lagos de Biena, Murten y Neuchâtel. La nueva línea de la orilla creada entonces contribuyó además al descubrimiento de las antiguas poblaciones celtas de La Tène que datan de 450 a.C., uno de los hallazgos arqueológicos más importantes que se han hecho en Suiza.
Suchard tenía intereses comerciales en áreas y actividades industriales muy diferentes como la producción de seda, macarrones y asfalto. Además fundó la colonia suiza de Alpina en los Estados Unidos para explotar los yacimientos locales de hierro, una empresa que al final no le dio ganancias sino muchas pérdidas económicas.
También estableció un café sin despacho de bebidas alcohólicas en un lugar pintoresco en la garganta de Areuse donde los viajeros podían tomar una taza de chocolate gratis, al tiempo que se les animaba a contribuir con dinero a la construcción de una carretera a través del desfiladero.
Fue un gran viajero, coronando sus andanzas con un viaje de cinco meses alrededor del mundo en 1873 a los setenta y seis años de edad.
La familia vivía muy cerca de la fábrica. La casa todavía está en pie en Serrières gracias al minarete que Philippe Suchard construyó en su tejado, inspirado en un viaje al Oriente Medio en 1865. El uso de alquitrán en la construcción de la casa es el reflejo de otro de los muchos intereses que Suchard tenía.
La empresa edificó casas para sus trabajadores en la mismita orilla del Lago de Neuchâtel en la calle donde se encontraba la fábrica. Estas casas todavía existen, pero la orilla del lago retrocedió desde que se construyeron. Ahora se encuentran varios cientos de metros alejados de la orilla. Los asentamientos de los trabajadores despertaron tanto interés a escala internacional que incluso se erigieron réplicas exactas de algunas de esas casas en París con ocasión de la Exhibición Universal de 1900.
La empresa Suchard permaneció en manos de la familia durante tres generaciones. Con la crisis económica de los años 1930, el nieto de Suchard, Willy Russ, se vio obligado a ceder gran parte de las acciones que la familia poseía a los Poulain de Francia.


