Desechos peligrosos
Como ocurre en otros países, en Suiza se han hecho errores en la gestión y eliminación de la basura. Ahora Suiza está subiendo las consecuencias negativas que resultaron de esta mala gestión en el pasado. No obstante, en los últimos años se han implementado una serie de medidas para hacer más efectiva y duradera la eliminación de los residuos.
Durante muchos años la gestión de los desechos peligrosos no constituía un elemento primordial en la agenda política suiza, principalmente porque la industria metalúrgica y minera suiza nunca jugó un papel importante en la economía nacional. Como quiera que sea, los residuos se han depositado de manera arriesgada aunque legal en aquel entonces, cosa que en la actualidad no sería aceptable.
Según un informe publicado por la Oficina Federal del Medio Ambiente, la tierra contaminada supone un problema muy serio para Suiza, ya que existen aproximadamente 50.000 depósitos de escombros en todo el país que infunden, por lo menos en algunas áreas, una inquietud permanente en la población.
Para resolver esta problemática se están llevando a cabo una serie de investigaciones para identificar los sitios contaminados y averiguar cuáles son los vertidos que necesitan un tratamiento inmediato. A este efecto se están redactando relaciones e informes. Hasta ahora se han registrado hasta 4.000 sitios que van a ser descontaminados hasta 2025 a un coste total de 5.000 millones de francos suizos.
Kölliken y Bonfol
Dos de los lugares más contaminados son Kölliken (Cantón de Argovia) y Bonfol (Cantón del Jurá).
Entre 1978 y 1985 unas 350.000 toneladas de desechos peligrosos fueron depositadas en una antigua barreda cerca de la villa argoviense de Kölliken, guardando las leyes y ordenanzas respectivas. Sin embargo, en la actualidad, estos escombros –que contienen un elevado porcentaje de cieno de clarificación (con metales pesados), residuos químicos y escorias de aluminio– se consideran como una bomba retardada que necesita ser desactivada lo antes posible. Esos desechos peligrosos habían sido depositados en la zanja sin revestimiento artificial, lo que para los lugares vecinos significa un peligro constante ya que los materiales ahí soterrados intoxican continuamente el agua subterránea de la comarca.
Las autoridades estiman que se puede conseguir la liquidación completa del depósito hasta 2015; las tareas preparatorias y de reparación van a costar al erario público unos 400 millones de francos.
En Bonfol, unas 114.000 toneladas de desechos procedentes de las industrias farmacéutica, de colorantes, de detergentes y pesticidas, fueron soterradas entre 1961 y 1975. Las acciones depuradoras van a costar unos 300 millones de francos suizos y se prolongarán hasta el año 2013.
¿Quién paga?
La solución más lógica e ideal para cancelar esa deuda sería la del principio «quien contamina, paga». Sin embargo, por un lado no siempre se consigue encontrar al culpable, y por otro, este no siempre está en las condiciones de reunir el importe requerido.
En 1995 la revisada Ley para la Protección del Medio Ambiente hizo posible que el Gobierno federal pudiera crear un fondo para remediar los así denominados sitios «huérfanos». Se trata de vertederos de basuras ilegales cuyos artífices no se pudieron responsabilizar por ignorarse su identidad. En estos casos la autoridad suprema del Estado federal, la Confederación, sufraga un 40% de los gastos para su descontaminación. El 60% restante corre a cargo de los cantones.
¿Dónde se depositan hoy los desechos peligrosos?
El objetivo que el Gobierno suizo se ha planteado con la nueva ley medioambiental es ser autosuficiente en la evacuación y en el tratamiento de inmundicias. Las más nuevas y más modernas plantas de incineración de basuras empezaron a operar en 1994 (en Dottikon, Cantón de Argovia) y en 1995 (en Basilea). Estas instalaciones hacen factible la disposición de todos los desechos tóxicos no reciclables producidos en territorio suizo. Hoy en día sólo se permite la exportación de desechos peligrosos si es para su posterior tratamiento y reciclaje.
Convención de Basilea
Suiza no es solamente la sede de muchas agencias humanitarias internacionales, sino también del secretariado de la Convención de Basilea sobre el control de movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su eliminación.
La Convención fue adoptada en la conferencia internacional que se celebró en Basilea en el año 1989 como medida prohibitiva contra el negocio sucio de las exportaciones de basuras que los países industrializados expedían con cierta frecuencia a los países del Tercer Mundo o a los países del antiguo Bloque del Este para desprenderse de los desechos tóxicos por la vía más fácil. En 1992, las disposiciones legales aprobadas en la convención entraron en vigor. Su objetivo es la minimización de la producción de desechos peligrosos y, a medida de lo posible, su eliminación en los mismos lugares donde hayan sido generados.