Carburantes convencionales
El tráfico motorizado es el principal causante de las emisiones de gases invernaderos en Suiza. Según datos del 2000, produce un 31% del total de emisiones. Los gases más relevantes son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O).
Cada suizo produce un promedio de seis toneladas de dióxido de carbono al año, de las cuales 2,6 toneladas recaen sobre el transporte vehicular. El promedio mundial es de 4 toneladas; un estadounidense, sin embargo, gasta una media anual de 20 toneladas.
En Suiza un automóvil medio consuma dos litros por cada 100 kilómetros, algo más que en los países vecinos, donde la media suele disponer de un motor de 1,6 litros/100 km, como apuntan las cifras publicadas por la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA). El Gobierno suizo sopesa la introducción de incentivas para convencer a los automovilistas de la compra de coches limpios.
A los conductores de automóviles se les aconseja apagar el motor si tienen que esperar delante de un semáforo durante un breve período de tiempo.
El Gobierno suizo ha propuesto una ley para reducir la carga fiscal sobre los carburantes que producen menos emisiones nocivas para el medio ambiente y de abolirlas íntegramente sobre los carburantes de recursos renovables.
Se están elaborando proyectos en distintas instituciones científicas suizas para desarrollar un nuevo fuel más ecológico.
Combustibles tradicionales
Desde los años 1970 se ha reforzado la legislación respecto a la composición de los carburantes. Se ha reducido sobre todo el contenido porcentual del plomo en la gasolina y del azufre en el gasóleo.
Casi un 30% de los coches nuevos en Suiza disponen de un motor diesel. El número de coches diesel en las carreteras suizas se triplicó entre 1990 y 2005. Para confinar la contaminación atmosférica, se ha introducido en 2007 una ley que dispone que todos los automóviles nuevos tengan que estar equipados obligatoriamente con un filtro de partículas.
No obstante, el gobierno ha sido criticado por no haber aplicado esta ley de manera sistemática. En 2006, los 16.000 camiones diesel del ejército federal todavía circulaban por las carreteras sin filtro.
