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Árboles revolucionarios

Un árbol de la libertad en la plaza delante de la catedral de Basilea, año 1798 (nueva ventana)

Un árbol de la libertad en la plaza delante de la catedral de Basilea, año 1798© Swiss National Museum

Árbol de la libertad en Delémont, Cantón del Jurá (nueva ventana)

El primer árbol de la libertad en Delémont, Cantón del Jurá, fue plantado en el año 1792. El árbol original fue tallado por oponentes de los franceses y más tarde reemplazado.© swissworld.org

La villa de Cully en el Cantón de Vaud todavía conserva uno de los famosos «árboles de la libertad» que heredó de la memorable época que constituye la Revolución Francesa. Cuando las tropas francesas invadieron Suiza, sustituyeron los cargos de los regímenes reaccionarios por socios fieles a las ideas republicanas y derrocaron por completo al sistema político vigente, reorganizándolo bajo la bandera de la tríada revolucionaria «libertad, igualdad y fraternidad».

Los árboles de la libertad son una invención de las Revoluciones Francesa y Americana, constituyen un elemento laico del culto y simbolismo revolucionario de la época y tienen sus raíces en los mayos. Gran parte de estos «árboles de la libertad» eran árboles talados, solamente algunos eran árboles vivos.

En algunos lugares, la gente erigió espontáneamente los árboles por despecho de las autoridades locales; no obstante, en la mayoría de los casos, los árboles aparecieron sólo después de la invasión francesa. Se levantaron los árboles en las plazas mayores y se decoraron con banderitas y gallardetes, y en la punta del árbol se colocaba un gorro verde.

Ese gorro, una variación del gorro frigio de color rojo, se llamaba coloquialmente el «gorro de Tell», una insignia aglutinadora de dos concepciones de libertad e independencia originaria y diacrónicamente distantes entre sí: la jacobina, proveniente del extranjero y enraizada en la Ilustración francesa, y la del legendario patriota suizo, Guillermo Tell, entrañable elemento del mito constitutivo de la Confederación.

Los árboles de la libertad sirvieron a fines políticos bien definidos: demarcaron la esfera pública de los actos políticos y es ahí donde se efectuaron las promulgaciones de decretos y donde se prestaron los juramentos de lealtad por parte de los ciudadanos para con las autoridades republicanas.

Sin embargo, estos solemnes actos del juramento cívico no dejaban un dulce sabor a libertad democrática, sino más bien un sabor amargo a opresión extranjera. Por tanto, no puede sorprendernos el hecho que la mayor parte de los árboles hayan sido apartados por los oponentes a la República Helvética, ideada y apoyada por Francia, después de que los franceses habían abandonado definitivamente el territorio suizo en 1813.

La tradición continúa

Pero las ideas revolucionarias, inculcadas por los invasores franceses, dejaron sus trazas: en 1830/31, mucha gente replantó los árboles para protestar contra las fuerzas de la Restauración; y en dos ocasiones ulteriores, en 1898 y en 1998 respectivamente, se volvieron a plantar árboles para conmemorar la fundación de la República Helvética (1798). En 1898, se plantaron tilos (uno entre ellos todavía está situado cerca del Museo Histórico de Lausana), en 1998, sin embargo, prefirieron plantar robles, aunque también alzaron algunos plátanos falsos. El árbol de Cully es un plátano.

Plantar árboles con el fin de solemnizar actos conmemorativos es una tradición que sigue viva en muchas partes. Un árbol bastante particular se plantó en Ginebra con motivo del 400 aniversario de la Escalade, que es una fiesta que conmemora la célebre resistencia que prestó el pueblo ginebrino contra el poderoso Duque de Saboya. El árbol festivo fue donado por Martine Brunschwig-Graf, la jefa del departamento de educación en el gobierno municipal, y plantado por un grupo de jóvenes.

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