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Medio ambiente

Árboles legendarios

El Tilo de Murten en Friburgo (nueva ventana)

El Tilo de Murten en Friburgo en torno al año 1910© Archives of the City of Fribourg

El Tilo de Murten sigue vivo (nueva ventana)

El Tilo de Murten sigue vivo; foto del año 2005© julia slater / swissworld.org

El tilo de Linn, Cantón de Argovia (nueva ventana)

El tilo de Linn, Cantón de Argovia© julia slater / swissworld.org

Uno de los árboles más célebres de Suiza es el tilo de Murten. A pesar de su nombre no se encuentra en el pueblo de Murten, sino a 17 kilómetros de allí, en Friburgo. Conmemora la Batalla de Murten de 1476, en la que las tropas bernesas destrozaron las filas del ejército enemigo de Carlos el Temerario (1433-1477) de Borgoña.

La leyenda narra que un mensajero agarró una pequeña rama de un árbol que estaba en el campo de batalla, y que la ondeaba para cantar victoria cuando corría con la buena noticia a la ciudad de Friburgo, donde su cuerpo herido no resistió más a la muerte y colapsó. La rama echó raíces en el sitio mismo donde murió el audaz recadero.

Desafortunadamente, la hermosa historia no es auténtica ya que parece que el árbol de Murten supera de largo la antigüedad de la batalla. El árbol encontró un fin deshonroso en 1983 cuando un automovilista borracho chocó contra él. Pero sigue vivo en un renuevo que brotó de una rama. Esta vez se procuró plantar la rama alejada de las vías de tráfico.

En cuanto al correo heroico, es conmemorado cada primer domingo de octubre con ocasión de una carrera en la que, año tras año, participan más de 8.000 atletas y cuyo trayecto recorre precisamente los pasos del famoso mensajero de Murten.

El tilo de Linn

Otro árbol con una larga historia es el tilo de Linn, cerca de Brugg en el Cantón de Argovia. De acuerdo con la leyenda, el árbol se encuentra por encima de la fosa común de las víctimas de una plaga devastadora que aniquiló la entera población del lugar, dejando sólo un superviviente.

Dado que incluso el cochero, encargado de trasportar los cadáveres a un cementerio distante, había muerto, ese superviviente tuvo que deshacerse de los muertos lo mejor que pudo; por ende, los enterró en una fosa común debajo del tilo. El cuento se refiere, probablemente, a la epidemia de los años sesenta del siglo XVII, la más aniquiladora de la zona, ya que exterminó a más de dos tercios de la población.

El árbol debió de existir ya en aquel entonces, su edad debe rozar los 800 años. Ahora es un árbol elevadísimo y posee un diámetro de 3,4 metros. En su larga vida ha sufrido varios atentados que no consiguieron acabar con él. El último atentado ocurrió en 1990, cuando alguien desconocido intentó envenenarlo.