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Medio ambiente

Amenazas para el bosque

La hembra de un escarabajo de la corteza cavando un túnel en el que pondrá sus huevos. (nueva ventana)

La hembra de un escarabajo de la corteza cavando un túnel en el que pondrá sus huevos.© WSL Birmensdorf

Árbol afectado por el escarabajo de la corteza (nueva ventana)

Los árboles afectados por el escarabajo de la corteza mueren tarde o temprano.© WSL Birmensdorf

Como señala un informe de las Naciones Unidas de 2001, una cuarta parte de los árboles europeos está de una forma u otra en un estado deteriorado. Las plagas, la polución y las irregularidades del tiempo no respetan los confines nacionales, por tanto, Suiza también se ve afectada del continuo deterioro o incluso de la muerte de los bosques.

Hay daños que desaparecen de manera natural como los ataques de los escarabajos que, aunque puedan provocar daños inmensos, transcurren en ciclos. Hay otros, sin embargo, que son más insidiosos, porque son el resultado de profundos cambios climáticos o atmosféricos. Otros daños, finalmente, todavía no tienen explicación científica.

El escarabajo de la corteza

Un escarabajo minúsculo, de aproximadamente 5 mm de largo, ha causado una enorme desolación en los bosques suizos desde el impacto del huracán Lothar. La presencia del escarabajo de la corteza no es algo inusual: en condiciones normales, este pequeño insecto coleóptero pone sus huevos en la corteza de árboles muertos, débiles o secos. La corteza dañada perjudica seriamente la integridad del árbol. De todos modos, los enemigos naturales del escarabajo ponen límites a su extensión.

Sin embargo, la situación tras la devastadora tempestad de 1999 fue más que insólita. Los escarabajos produjeron una infestación sin precedentes en vastas zonas del país. Miles de árboles derribados hicieron que la tierra de los bosques se transformara en semilleros idóneos para estos insectos vejadores. Su proliferación se multiplicó y alcanzó dimensiones incontrolables. Los parásitos también atacaron árboles sanos, y una vez atacado, el árbol no tiene posibilidad alguna de sobrevivir, tan sólo se puede talar y sacar del bosque.

La infestación siguió siendo grave durante un par de años, y con los veranos secos y calurosos se exacerbó aún más.

Una infestación parecida por escarabajos de la corteza se pudo registrar tras el huracán Vivian que invadió Suiza en 1990. El número de árboles afectos alcanzó una máxima en 1992. Después se normalizó de nuevo la situación.

La polilla del lárice

La ‹zeiraphera diniana›, o sea, la polilla del lárice, vuelve cada 8-9 años a arruinar extensas áreas arboladas en la región turística de la Engadina (Grisones). El incremento de la polilla en el apogeo del ciclo es vertiginoso: en este estadio de la plaga, los insectos alcanzan una difusión 100 mil veces más alta que en tiempos regulares.

La polilla afecta alerces, abetos, pinos y piceas. Sus orugas atacan los retoños por lo que pierden muchas de sus hojas. Estos ataques perjudican la fotosíntesis (el proceso que transforma la energía de la luz en energía bioquímica) en las hojas y detienen el crecimiento de los vegetales, por consiguiente, el follaje de los árboles afectados de la polilla adopta incluso en verano colores rojizos como en otoño.

A causa de las plagas, esta polilla despertó el interés de los investigadores que descubrieron sin querer dos especies con distintas preferencias: una que ataca los alerces y otra que ataca los pinos. La polilla está, de hecho, en una fase transitoria de su evolución en la que se está diferenciando en dos especies distintas.