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Victorias confederadas socavan el poder nobiliario

Monumento consagrado a Winkelried en el sitio de la batalla de Sempach (nueva ventana)

Monumento consagrado a Winkelried en el sitio de la batalla de Sempach. La inscripción dice: «Winkelried abrió aquí un camino a los suyos – 1386»© julia slater / swissworld.org

La Confederación se diferenciaba de otras ligas semejantes en Europa por su temprana consecución de excluir la nobleza del poder.

Sus reivindicaciones contra los soberanos dinásticos –en particular los Habsburgo– no siempre tenían una base firme, pero generalmente los miembros agermanados nunca dejaron de darse apoyo mutuo, ya que se consideraban muy deudores del principio consociativo de solidaridad que los unía con los socios, una obligación (hoy diríamos de derecho público) muy vinculante para todas las partes, más aún por el juramento promisorio prestado.

Los confederados consiguieron revigorizar su alianza en varias ocasiones: por ejemplo en Morgarten en 1315, o en la batalla de Sempach (cercano a Lucerna) en 1386, y en otras batallas con desenlace victorioso, como en Näfels cerca de Glaris en 1388.

Con las sucesivas victorias, los helvetas asentaron un golpe fuerte contra las pretensiones de los Habsburgo en la Suiza central, del cual éstos no se iban a recuperar ya más.

Con la batalla de Sempach nació uno de los héroes nacionales de Suiza, Arnold von Winkelried, que caló las líneas adversarias arrojándose sobre las lanzas aderezadas del enemigo, abriendo así una brecha para los suyos que luego encontraron una pista para derrotar a los austríacos. No se sabe si es verdad o no. El cuento aparece por primera vez en una balada del año 1533, más de ciento cincuenta años después de la victoria.