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Historia

Independencia y fin de la expansión en el siglo XVI

La guerra de Suabia, 1498-99

Un punto de inflexión en las relaciones con el Sacro Imperio Romano-Germánico marcó la guerra de Suabia, que estalló cuando el Emperador Maximiliano I de Habsburgo intentó introducir reformas que tendían a vincular la Confederación más estrechamente al Imperio.

Temiendo por sus libertades, los confederados hicieron alianzas con las tres ligas de los Grisones que por su parte también se veían amenazadas por Austria. La batalla empezó en los Grisones, extendiéndose rápidamente a otros territorios y acabando con una victoria helveta en Dornach, cerca de Soleura.

El Tratado de Basilea firmado después de terminadas las hostilidades, reconoció implícitamente la independencia (factual) de la Confederación dentro del conjunto territorial del Imperio alemán.

Basilea y Escafusa se hicieron socios de la Confederación como miembros plenos en 1501, considerando la adhesión como mejor vía para salvaguardar su independencia frente a posibles cercenamientos imperiales.

  • «Los malvados, bastos y despreciables campesinos, sin virtudes ni moderación, sino con mucha opulencia, deslealtad y odio a la nación alemana»: así describía Maximiliano I (1459-1519) a los confederados.
  • Maximiliano fue el último Habsburgo que tenía una posibilidad real de reclamar los derechos dinásticos sobre lo que hoy es Suiza.
  • No obstante, la tentativa de Maximiliano de atarlos más al Imperio fue lo que provocó la guerra de Suabia, cuyo desenlace hizo a los suizos independientes. Su suegro, Carlos el Temerario, había prometido devolver los confederados a la señoría de los Habsburgo; sin embargo, fue matado en la batalla contra ellos.
Litografía con un detalle del fresco «La retirada de Marignano» de Ferdinand Hodler (nueva ventana)

Litografía con un detalle del fresco «La retirada de Marignano» de Ferdinand Hodler, retomada para un póster de una exhibición.© BPUG Zurich Graph. Anstalt J.E. Wolfensberger

Campañas italianas

Después de la guerra de Suabia, la expansión de la Confederación parecía ser imparable. Cuando las grandes potencias europeas –los Habsburgo de Austria, los Valois de Francia y el Papado– se combatían para obtener la hegemonía sobre las prósperas ciudades-república lombardas, los suizos se veían involucrados en la pugna en uno y otro bando; por una parte porque reclamaban para sí una parte del Ducado de Milán, y por otra, porque había numerosos mercenarios suizos en las filas enemigas.

En los quince años que duró la lucha por la conquista de Milán, apoyaban primero a los franceses y más tarde, en 1510, al Papa, apoderándose de la ciudad en 1512. La Confederación obtuvo otra gran victoria sobre los franceses en Novara en 1513, con lo cual se esperaba una expansión ulterior en tierras lombardas.

Sin embargo, dos años más tarde, la suerte no acompañó a los suizos. Los franceses los derrotaron con la ayuda de los aliados venecianos en la famosa Batalla de Marignano, poniendo un punto final a las pretensiones expansionistas de los suizos.

Pero a pesar de la derrota, en el tratado de paz que se concluyó después, se hizo una importante concesión a los confederados, ya que se les dejaba en posesión del Tesino y otras regiones subalpinas que hoy son de Italia.

La Batalla de Marignano es considerada como un punto de viraje en la historia suiza: no sólo puso fin a la expansión militar, también fue el comienzo de la política de neutralidad suiza. Los suizos no dejaron de luchar por ello: sólo dejaron de guerrear por su propia cuenta, pero sus mercenarios siguieron al servicio de los reinos foráneos.

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