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Historia

La ciudad y el campo

La Crónica de Spiez de Diebold Schilling - los hombres del Oberhasli en el Oberland Bernés prestan el juramento de fidelidad a Berna (nueva ventana)

La Crónica de Spiez de Diebold Schilling. Los buenos hombres del Oberhasli en el Oberland Bernés prestan el juramento de fidelidad a Berna. La ciudad adquirió los derechos para administrar la región del emperador alemán tras derrotar a sus antiguos señores en 1334.© Burgerbibliothek Bern

Suiza es un país pequeño y a la vez muy heterogéneo. En algunas regiones, las ciudades se desarrollaron y crecieron gracias al comercio; en otras regiones, los pobladores se asentaron en pequeños pueblos y vivían principalmente del campo.

En el Medioevo la división entre Cantones urbanos (Städteorte) y Cantones rurales (Länderorte) se hacía cada vez más visible. Esta división no sólo reflejaba el modo de vivir de la gente, sino también la manera en qué ésta estaba sujeta al régimen municipal. Las ciudades llegaron a ser gobernadas por un restringido grupo de interesados, mientras la elaboración de decisiones solía ser –al menos en teoría– mucho más «democrática» en el ámbito rural.

Cada ciudad, villa y aldea velaba con mucho cuidado por los propios intereses. Algunas comunidades políticas, sin embargo, buscaron la colaboración con otros lugares o países para unir fuerzas.

Al final, la cooperación fue la fuerza impulsora más condundente, porque, a no ser así, Suiza no existiría hoy día. Sin embargo, ese pactismo triunfante no fue imperante desde el principio, ni mucho menos un principio fundacional. Muy al contrario, los lazos que unían las diferentes partes del país, podrían haberse quebrado fácilmente en varias ocasiones a lo largo de la historia de esta nación alpina.

Incluso hoy persisten algunas voces que siguen preguntándose qué es lo que realmente une a los suizos.

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