Suiza y el advenimiento del fascismo
El primer gobierno fascista en Europa se estableció en Italia en 1922, el vecino meridional de Suiza.
Como ocurrió en otras naciones, en muchos cantones suizos se constituyeron numerosos «frentes» de la extrema derecha nacionalista a comienzos de la década de los años 1930.
Estos grupos derechistas se reclutaban principalmente de entre la clase media y del campesinado; en sus filas había muchos jóvenes intelectuales.
La ideología de los frentes derechistas se componía esencialmente de tres elementos:
(i) optaban por un gobierno autoritario y por la aniquilación de la democracia parlamentaria;
(ii) querían abolir el capitalismo y generalizar el corporacionismo con el cual se quiso allanar las diferencias ideológicas entre los trabajadores y los empresarios;
(iii) eran además muy nacionalistas y querían volver a las virtudes presuntamente olvidadas de los antiguos confederados, condenando a la vez el cosmopolitismo, la masonería, a los pacifistas y a los judíos.
Aunque al inicio algunos de los partidos del «bloque burgués» consideraban a los «frentistas» nacionalistas como aliados naturales en su lucha política contra el socialismo, comprendieron enseguida que en realidad les estaban detrayendo votantes. Por esa misma táctica de matón, el bloque perdió muchas simpatías en la población.
Una iniciativa popular, suscitada por los extremistas nacionalistas en 1935 para revisar la constitución y adaptarla a su propio programa político, no encontró el beneplácito popular al ser rechazada por un 70% del electorado suizo.
Hasta la llegada de la 2ª Guerra Mundial en 1939 se formaron diferentes corrientes de opinión en Suiza.
Por una parte, había suizos que buscaban una vía intermedia para adaptarse al nuevo orden impuesto por el nacionalsocialismo: había personas que asumían la ideología del Tercer Reich, mientras otras simplemente esperaban el momento oportuno para cooperar con los vencedores, una actitud que estaba en perfecta sintonía con la tradición suiza del compromiso pero que también puede ser interpretada como actitud oportunista.
Por otra parte, existían grupos y círculos políticos que querían oponerse a las ideologías totalitarias y defender los valores democráticos con todas sus fuerzas.
