La Revolución Francesa
El Monumento del León en Lucerna, levantado en 1820/21 en honor de la Guardia Suiza masacrada en las Tullerías de París en 1792.
La obra no fue sólo costeada por mecenas suizos sino también con dineros de muchas cabezas coronadas europeas. Hoy en día es una atracción turística. Pero al tiempo que fue erigido no era para nada una escultura popular: muchos liberales suizos se opusieron a su veneración pública por su inherente carácter reaccionario. Algunos intentaron incluso serrar una de las patas del león.© www.picswiss
La Revolución Francesa y las guerras napoleónicas cambiaron la faz de Europa. La invasión napoleónica de Suiza fue un acontecimiento de gran trascendencia en la historia del país porque volcó prácticamente el sistema político suizo.
Francia y la Confederación Suiza habían mantenido durante casi tres siglos una estrecha relación. A lo largo de este período, los cantones suizos proveían a los reyes franceses con mercenarios patrios.
Muchos mercenarios de la Guardia Suiza real fueron masacrados en la Plaza de las Tullerías en agosto de 1792, cuando intentaron impedir que la multitud se apoderara de la familia real. La masacre provocó horror y desmayo en Suiza; los guardias fueron honrados con una estatua en Lucerna.
Pero además de los militares había muchos civiles suizos activos en Francia. París, como centro cultural, atrajo a muchos suizos de todos los sectores de la sociedad, que se dejaron influenciar por las ideas revolucionarias.
El suizo más célebre que participó activamente en la Revolución fue Jean-Paul Marat, natural de Neucastel, que había vivido en París desde el año 1777. Fue el fundador del periódico radical «L'Ami du Peuple» (Amigo del Pueblo), y era miembro del Convento Nacional Francés que votó por la ejecución del rey. Lo mataron en su bañera en 1793.
«Vinieron diversas personas que decían que ya se había juntado mucha gente en la plaza delante de las Tullerías […]. Poco más tarde vino la nueva que los suizos habían hecho fuego sobre la plebe, y que la batalla había empezado. […] Las mujeres en nuestras casas eran nuestras mensajeras. Ellas nos traían las novedades. […] Una mujer nos avisó que la fortaleza real estaba en llamas. […] Luego mi mujer regresó de la plaza y contó que se arrastraban los cuerpos desmembrados de los suizos en las calles. Cada vez que uno pasaba con un pedazo de cuerpo de un guardia suizo en las manos, se oían voces que decían: ¡Toma! ¡Bravo, bravo! […] Queridas hermanas, no sé lo que tengo que hacer. Me rindo por completo al todopoderoso Dios. Que vosotras, queridas hermanas, lleguéis a ver esta mi carta triste, lo dudo mucho. Porque no os la puedo mandar por correo. Después de mi muerte, nadie os la va a traer. ¡Rogad a Dios por nuestras vidas! Adiós y no os entristecéis demasiado.»
J. B. Good, un oficial suizo, cartas a sus hermanos y hermanas, 3 de septiembre de 1792
Enlace externo
- Jacques Necker (1732-1804), banquero de origen ginebrino New School University (en inglés)
