Los Grisones durante la guerra
Los Grisones, una liga tripartita que no era miembro de la Confederación sino una comunidad asociada, sufrió mucho durante la guerra de los Treinta Años, en primer lugar por su posición geográfica, y en segundo, por su floja organización administrativa y su heterogénea situación religiosa.
Todas las potencias guerreras codiciaban de sus pasos alpinos, que eran de suma importancia estratégica al ser las únicas rutas transalpinas viables entre Austria y la Italia española –ambas, en posesión de la dinastía austriaca–. El control de los pasos podía ser determinante a la hora del despliegue de tropas de un campo de batalla a otro.
Los Grisones eran en aquel entonces una unión federada de tres regiones autónomas, las Tres Ligas, cuyo laxo entretejimiento político las hizo vulnerables a ataques foráneos.
Además de su estructura liguera, su heteróclita organización religiosa dio lugar a diversos disturbios internos, especialmente en el país sometido de la Valtelina en el sur, que era mayoritariamente católico y resentía por tanto la preponderancia de los protestantes. En la «Sacra Matanza» (Sacro Macello) de 1620, los valtelinos, secundados por las tropas españolas de Milán, masacraron a un gran número de sus compatriotas protestantes.
Este acontecimiento condujo a la intervención de las grandes potencias vecinas que desequilibrarían aún más la situación política. El caudillo local más conocido era Jorge Jenatsch (1596-1639), un pastor protestante. Gracias a la alianza que fraguó con los franceses, pudo –bajo la capitanía del duque de Rohan– arrojar a los Austrias de la Valtelina.
Pero en vista de la tentativa francesa de subyugar el territorio, Jenatsch se convirtió al catolicismo para aliarse con sus antiguos enemigos, los Habsburgo. En 1639 fue asesinado, pero el objetivo que tan ansiosamente había perseguido, la permanencia de la Valtelina en el País de los Grisones, se hizo realidad.
