Las instituciones políticas
La Confederación Helvética era todavía en el siglo XVII un complejo de pequeños Estados soberanos, cuyos habitantes gozaban de franquicias y privilegios de muy variada índole según la organización político-administrativa del territorio en el que vivían.
La extensión territorial de los cantones era muy dispar, y el estatus social de sus habitantes muy versátil como era lógico para la sociedad estamental del Antiguo Régimen con su estructura jerárquica basada en la desigualdad. Estas premisas condicionaron también la composición de las elites de poder.
Los seis cantones rurales tenían una «asamblea comarcal» (Landsgemeinde, alemán), en la cual todos los vecinos masculinos, es decir, todos los padres de familia que poseían casa y criados, ejercían el derecho a voz y voto. Sin embargo, no todas las comunas tenían derecho a enviar sus delegados concejales, y los altos cargos en la administración municipal se repartían generalmente entre los linajes y potentados locales.
La administración en los cantones urbanos, como Zúrich, Basilea y Escafusa, vino a ser monopolizada por los gremios, que eran sociedades cerradas y muy severas a la hora de admitir un nuevo socio. El campesinado no tenía casi nada que decir en asuntos políticos de la localidad.
Otras ciudades-cantón como Berna, Lucerna, Friburgo o Soleura, se regían por un cupo muy restringido de dignatarios patricios. El vecindario fue obligado a abandonar el proceso de toma de decisiones dentro de la comunidad, que fue llevado a cabo por un grupo de familias apoderadas en la capital cantonal. En Berna, por ejemplo, los miembros del regimiento urbano exigían que se les llamaran «Vuestras Mercedes» (Gnädige Herren).
Los «bailíos comunes» se administraban por unos jueces o bailes designados por los cantones. Los cantones se turnaban en la asignación de los bailes (que eran normalmente oficiales cadañeros), pero como los cantones católicos tenían una mayoría firme, muchos años tenían que pasar antes que los protestantes pudieran cooptar un juez reformista. Por consiguiente, los protestantes se sintieron oprimidos, y esto produjo tensiones internas.
La situación general era ya mucho mejor en los «países sometidos» como Vaud, que era dirigido por gobernadores berneses procedentes de las familias aristocráticas que administraban la justicia con la ayuda de deputados locales.
El cuerpo político común de todos los confederados era la Dieta. Pero esta asamblea «protoparlamentaria» carecía aún de facultades obligatorias.

