Los marginados
En el siglo XIX existían también en Suiza grupos marginados como judíos, romaníes, ambulantes y apátridas.
A pesar de que la invasión francesa contribuyera a finales del siglo XVIII a allanar las desigualdades sociales en Suiza, algunas comunidades y capas sociales siguieron adoleciendo de derechos sociales y políticos. Las capas sociales más afectadas por la discriminación fueron ante todo los judíos y los denominados «apátridas», pero también los romaníes y los ambulantes.
Los judíos
Durante muchos siglos, los derechos de la comunidad judía habían sido recortados, y hubo temporadas más o menos largas en las que la minoría judía sufrió una persecución activa por parte de la Confederación (como en muchas otras partes en Europa). Desde mediados del siglo XIV fueron excluidos y expulsados primero de las ciudades y luego encerrados en zonas apartadas.
En el siglo XVIII se recortaron aún más sus derechos. Sólo se les permitía vivir en dos pueblos situados en el actual cantón de Argovia: Lengnau y Endingen.
Bajo el régimen de la República Helvética de 1798, adquirieron por fin el derecho de establecimiento, podiendo así elegir el lugar donde querían asentarse, residir y seguir una profesión. Pero estas libertades duraron poco tiempo. Ya en 1803, con la imposición del Acta de Mediación, se volvieron a cercenar sus derechos.
La situación jurídica de la comunidad hebrea sólo volvió a mejorar en los años 1860, cuando los judíos de nacionalidad suiza adquirieron el derecho al voto y el derecho a moverse y trabajar libremente en el país. Con la Constitución de 1874, sus derechos fueron equiparados con los de los demás suizos al obtener el derecho de culto.
Los apátridas
Los llamados «apátridas» (Heimatlose, en alemán) eran gente que no estaba registrada en ningún padrón como ciudadanos, por cuya razón muchos se vieron forzados a llevar una vida clandestina de vagabundeo.
Las personas podían perder el derecho a la ciudadanía por muchas razones: por ejemplo por descuidar de los niños, por vivir «en pecado» (como por ejemplo el vivir en un concubinato), por desertar del ejército o por motivos ideológicos o religiosos.
La legislación para los apátridas de 1850 tenía como objetivo primordial la prevención de la vagancia por medio de la «naturalización» y la domiciliación. Antes de su entrada en vigor, las municipalidades intentaron con todas las medidas disponibles hacer circular las personas desnaturalizadas para que no se quedaran en la circunscripción municipal, porque sabían muy bien que si no lo hacían, la nueva ley las iba a obligar a dar asistencia social a esos individuos sin patria y a todas las personas necesitadas.

