La Restauración: 1815-1830
Viñeta de 1815: peregrinaje a la Dieta en Zúrich. Berna –representada por un oso amordazado– exige que se le devuelvan sus antiguos territorios sometidos, Vaud y Argovia, cuyos colores llevan dos monos. Un hombre en la librea de Zúrich hace de guía, mientras un cosaco cierra la marcha. Rusia desempeñó un papel clave en el garantizar del estatuto soberano de los nuevos cantones de 1803.© Bern Historical Museum
A pesar de los éxitos alcanzados por las sociedades patricias y los gremios urbanos en la reinstauración de sus viejos privilegios, el sistema anticuado estaba condenado al fracaso, por lo menos a largo término.
La restauración de las antiguas regalías cantonales fue un obstáculo para el desarrollo económico, ya que cada cantón empezó de nuevo a acuñar sus propias monedas, recaudar los peajes y derechos de aduana, retornando así al viejo sistema de pesos y medidas.
Por eso, el comercio interno era tanto o más difícil que con los socios comerciales extranjeros. El ritmo del desarrollo económico también se frenó por el hecho que la gente no tenía el derecho de residencia en un cantón que no fuera su cantón natal.
Los liberales se opusieron a las presiones que las dos grandes monarquías continentales, Francia y Austria-Hungría, ejercían sobre el país alpino con el objetivo de preservar el viejo orden social.
Las fuerzas liberales respondieron, a su vez, con el resurgimiento de una conciencia patriótica. Los que apoyaban las fuerzas dinámicas del cambio fundaron numerosas sociedades en cuyo seno los suizos de los diferentes cantones tenían la ocasión de intercambiar ideas y conceptos y empezar a crear una conciencia colectiva, en el sentido de un reanimado espíritu nacional, que podríamos llamar «helvetismo».

