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Introducción

La abadía en San Mauricio (Valais), situada en una posición estratégica en el valle estrecho del Ródano. (nueva ventana)

La abadía en San Mauricio (Valais), situada en una posición estratégica en el valle estrecho del Ródano.© Marc-André Miserez / swissinfo

El período histórico que inicia con la retirada de los romanos hacia 400 y termina en torno al año 1000 recibe a veces el nombre algo polémico de «Edad Oscura» por ser una época de la Historia Universal que suele carecer de fuentes.

Los especialistas, sin embargo, suelen subdividir esa larga época. Se refieren a dos períodos distintos: la «Antigüedad Tardía» o «Temprana Edad Media» –según el punto de mira–, que comprende los siglos V-VIII y que se caracteriza principalmente por la formación de los reinos germánicos, y la «Alta Edad Media» que abarca las centurias IX a XII, y que es, en términos generales, comúnmente la denominada época de la consolidación del feudalismo.

La paulatina transformación del Antiguo Mundo con el nacimiento de la cultura de la civilización cristiana occidental también produjo sus efectos en los territorios de la Suiza actual.

La época de la Invasión bárbara con sus enormes movimientos migratorios que se desplazaban por regla general de Levante a Poniente, fue un factor decisivo en los primeros siglos de la temprana Edad Media.

En Suiza se asentaron diversas tribus de distinto origen, trayendo consigo su cultura y su lengua.

La religión cristiana, que llegó con la colonización romana, se extendió en Suiza en gran parte gracias al trabajo misionero de los primeros evangelizadores. La Iglesia con su elaborada administración episcopal-monástica, fue poco a poco integrando los pueblos en la Cristiandad, sometiéndolos a la vez a su jurisdicción parroquial.

Al mismo tiempo, los linajes nobles empezaron a apoderarse de bienes raíces mediante conquista, herencia o casamiento.

Durante un corto período, Carlomagno, rey de francos, controlaba gran parte de Occidente, atribuyéndose a sí mismo el título de Emperador de Occidente en el año 800.

Pero todavía bajo el régimen franco, no existía una idea precisa del Estado. En casi todos los ámbitos sociales, las relaciones entre los más débiles y los más poderosos se basaban en estrechos vínculos de fidelidad personal, el denominado «vasallaje». El Emperador regía por medio de una extensa red de vasallos nobles.

Durante todo el período aquí delineado en trazos generales, e incluso más tarde, el equilibrio de poderes entre reyes, príncipes e Iglesia se inclinó de un lado a otro a razón de las distintas fuerzas imperantes que pugnaban por mantener los viejos privilegios o por acaparar nuevos.

Un nuevo imperio surgió cuando en el año 962, Otón I, rey de germanos, consiguió que el Papa le concediera la corona imperial, un imperio que más tarde recibiría el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico.

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