Bajo las alas del águila imperial
El Emperador Conrado II, que reunió los territorios suizos en el dominio imperial en 1032, era el señor supremo de extensos territorios en la Europa occidental y central.
Pero en el imperio existían otros magnates que gobernaban sus propios terruños: podían ser miembros de una poderosa familia aristocrática, terratenientes plebeyos o señores eclesiásticos como abades u obispos.
Estos príncipes territoriales (laicos o eclesiásticos) no poseían derechos y privilegios idénticos; por eso había mucha rivalidad entre ellos. Muchos derechos fueron concedidos por el emperador a título personal y, más tarde, también a comunidades y corporaciones.
Algunas concesiones y privilegios eran una fuente de riqueza para sus titulares: como por ejemplo el derecho de acuñar moneda, de recaudar derechos de aduana o de celebrar mercados y ferias. Otros titulares se ocupaban simplemente de la administración de justicia a distintos niveles.
