La retirada de los romanos
En el siglo III, la tribu germánica de los alamanes empezó a invadir la zona norteña de la Planicie, haciendo caso omiso de las grandes fortificaciones romanas que se encontraban al borde del Rhin.
A partir del siglo IV, el gran movimiento migratorio de los pueblos germánicos de la Europa del Norte y del Este emprendió la marcha pujante hacia Oeste, empujado a su vez por los hunos que venían del Asia central.
A comienzos del siglo V, cuando ya la caída de la Ciudad Eterna era inminente, las legiones romanas tuvieron que retirarse. Abandonaron Helvecia y se desplegaron al lado sur de los Alpes para defender Roma.