Portal de información de Suiza

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Acemileros con su cabalgadura de carga en la «Ruta Sbrinz» que comunicó la Suiza interior con la Italia septentrional a través de los puertos de Brunig, Grimsel y Griess.© www.sbrinzroute.ch

Historia de Suiza

Suiza se desarrolló a lo largo de los siglos de un entramado de alianzas de ciudades y comunidades rurales —como las tres comarcas forestales Uri, Schwyz y Unterwald en 1291— con sus respectivos dominios y zonas de influencia hasta convertirse en el actual Estado federal constituido de 26 cantones.

La Antigua Confederación vivió épocas de unidad, pero también períodos en los que dicha unidad peligraba con quebrarse a causa de conflictos políticos, sociales o confesiones. Cayó finalmente con la invasión de las tropas francesas en 1798. En el período de transición hasta 1848 se sucedieron distintos sistemas de gobierno.

Con la fundación del Estado federal en 1848 se establecieron estructuras constitucionales que sentaron una base duradera para la cohesión nacional y el desarrollo del bienestar a la vez que se conservó la diversidad cultural y lingüística.

El espacio vital
Gran parte de Suiza es terreno montañoso y abultado, siendo más un país de tránsito que un sitio codiciado para el asentamiento humano. Los puertos alpinos y del Jurá fueron transitados en épocas muy tempranas por personas y mercancías. El principal espacio de asentamiento era y sigue siendo la Planicie central, que está limitada por los Alpes, el Jurá, el Rin, así como los lagos de Constanza y de Ginebra.

Los puertos eran objetos codiciados por los poderosos, tanto dentro como fuera de la Suiza actual. Buscaban el control de los pasos más importantes, y desde épocas plenomedievales también lo hacían concediendo libertades a las comunidades de los valles interalpinos. De esta manera se establecieron en estos valles formas y tradiciones de autogobierno.

Los pobladores de este país pobre en recursos naturales, que dispone de una escasa superficie cultivable, dependían desde tiempos inmemorables del tráfico de productos agrícolas y comerciales, más tarde también de servicios y bienes industriales. Hasta el siglo XIX, en tiempos de necesidad las personas emigraban para evitar el hambre y la muerte.

Ciudad y campo
Gracias al comercio y a la industria prosperaron las ciudades en la Edad Media, que enseguida empezarían a dominar a sus respectivos entornos rurales. La mayoría de la población vivía en el campo, en aldeas o alquerías, dedicándose a la labranza.

Cada uno de los cantones confederados perseguía en primer lugar sus propios intereses. En función de la situación buscaban o evitaban la colaboración con otros cantones. En ocasiones las relaciones se tensaban entre cantones urbanos y rurales, pero también entre cantones católicos y reformados, sobre todo después de la Reforma. A pesar de algunos conflictos incluso bélicos se afianzó la Antigua Confederación a lo largo del bajo Medioevo y la temprana Edad Moderna.

Igualdad y desigualdad
Asimismo, las relaciones dentro de los cantones confederados y entre éstos y las regiones colindantes podían revestir distintas formas. Algunas ciudades y comunidades fronterizas conservaban su independencia pactando con los confederados. Entre estas comunidades asociadas a la Confederación se encontraban los Grisones, el Valais, la Ciudad y el Convento Abacial de San Gall, así como Ginebra y partes del Obispado de Basilea.

Otros territorios fueron conquistados o comprados. Algunos de esos países sujetos estaban dominados por un solo cantón, como fue en el caso del País de Vaud que estaba subordinado al Estado de Berna. Otros territorios, como por ejemplo Turgovia o Argovia, fueron gobernados por varios cantones rectores como provincias semidependientes o bailíos comunes.

Hoy día la mayoría de esos territorios pertenecen a Suiza, otros se integraron en los países vecinos (Mulhouse, por ejemplo, pertenece a Francia, Rottweil a Alemania y la Valtelina a Italia).

Suiza en Europa
La influencia de esos países vecinos siempre tuvo un papel determinante sobre el desarrollo de Suiza. Las regiones germano-parlante, francófona e italiana de Suiza forman parte de tres grandes espacios culturales europeos. Ello era y sigue constituyendo una gran oportunidad para este país plurilingüe, que desde siempre y en múltiples aspectos mantiene un intenso intercambio con los países vecinos.