El agua como amenaza
En el mes de agosto de 2005 el río Aar inundó los barrios bajos de Berna. Las aguas sumergieron coches y la protección civil tuvo que evacuar con helicópteros los habitantes del área afectada. Fueron muchas las zonas devastadas por las crecientes en la Planicie central. Las inundaciones causaron muchos daños en autovías, ferrovías y edifcios.© swissworld.org
Para los suizos es difícil olvidar la potencia destructiva de las aguas. En los últimos años tuvieron ocasión de observar los efectos desastrosos de las fuertes precipitaciones que han sido la causa directa o indirecta de víctimas mortales e importantes pérdidas de propiedades.
En octubre del año 2000, Gondo, un pequeño lugar en el Cantón del Valais cercano a la frontera italiana, fue parcialmente destruido por el corrimiento de tierras. Trece personas perecieron. En septiembre de 1993, la ciudad de Brig sufrió una de las catástrofes naturales más grandes de su historia, cuando el río Saltina se desbordó echando su lodo y escombros a las calles céntricas. Dos personas murieron cuando las aguas penetraron con toda fuerza en la plaza mayor.
Estas catástrofes no suelen ocurrir ocasionalmente. Al contrario: desde el siglo XIX, con el crecimiento de la demanda de madera durante la industrialización del país, son siempre más frecuentes las crecientes y los corrimientos de tierras. La continua deforestación fue una de las causas principales. Pero el Gobierno suizo no tardó en aprobar nuevas leyes para proteger los bosques y favorecer la reforestación de los montes alpinos.
Los efectos destructivos del corrimiento de tierras se multiplican todavía más si los escombros caen en uno de los numerosos lagos suizos. En 1806, después de semanas muy lluviosas, la localidad de Goldau en la Suiza interior fue completamente destrozada por un inmenso alud de rocas. Pero las 457 personas que en esta histórica catástrofe encontraron la muerte, no murieron a causa del alud en sí, murieron ahogados a causa de las enormes ondas ocasionadas por las fuertes ráfagas en el lago de Lauerz que antecedieron al aluvión.
Ya en el siglo XVI, concretamente en el año 1512, un alud de rocas cerca de Biasca (Tesino) tuvo consecuencias dramáticas: la avalancha de piedras cerró el valle de Blenio. A continuación, el embalse del agua condujo a la formación de un pequeño lago que dos años después desbordó e inundó el pueblo donde más de 600 personas encontraron la muerte.
La ciudad de Zug, capital del pequeño cantón homónimo en la Suiza interior, sufrió un desastre en 1435 cuando una calle a orillas del lago se hundió en el lago. Sesenta personas perecieron y 26 casas fueron destruidas.
Una catástrofe no tan bien documentada ocurrió casi 900 años antes, en 563. Una parte del monte Grammont cerca del cabo oriental del lago Lemán derribó, represando el Ródano. Al reventar la presa natural unos meses más tarde, el lago se desbordó, llevó por delante los pueblos en ambas orillas, destruyó un puente en Ginebra y ahogó a muchos de sus habitantes.

