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Economía

La industria relojera

lancpain Quantième Perpétuel GMT Havana, 2006 (nueva ventana)

Reloj de pulsera de la edición limitada de Blancpain Quantième Perpétuel MGT Havana, 2006© Blancpain

Sello de homenaje a la industria relojera (nueva ventana)

Los Correos suizos emitieron en el 2005 dos sellos para rendir homenaje a la industria relojera suiza.© swisspost

La producción relojera refleja gran parte de las características típicas de Suiza y de su mundo laboral en general.

Suiza es una de las mayores productoras de relojes en el mundo. En términos de valor, Suiza abastece el 50% de la producción mundial.

En el año 2002, el precio promedio de un reloj suizo destinado para la exportación era de 362 francos suizos. Pero Suiza es igualmente conocida por los famosos relojes de plástico de la marca Swatch, los relojes más vendidos en el mundo.

Poco material pero mucho trabajo

Un reloj de lujo contiene más de trescientas piezas. Muchas tareas de reflexión y precisión son necesarias para colocar los mecanismos complejos en las cajas pequeñas. Los gastos materiales de un reloj se elevan a una fracción mínima del valor del producto final; pues se necesita poco material pero muchísimo tiempo.

Para un reloj de lujo las horas de trabajo ascienden hasta a un total de 150 horas. Y los relojeros célebres trabajan hasta 2.000 horas para sus pequeñas obras de arte. La calidad del producto suizo es la base de su éxito de exportación. Por lo general, se reconoce el empeño y el cuidado que se invierte en la precisión y en el trabajo efectuado en Suiza.

Precisión y perfección

El reloj es un objeto de precisión. Se trata de una precisión de centésimas de milímetros. Se sierra, se lima y se pule. Un reloj tiene que funcionar con exactitud y fiabilidad.

La precisión y la perfección integran la firmeza de muchos productos suizos. El rigor artesanal y el perfeccionismo ascético son peculiaridades inconfundibles de la sociedad y la cultura suizas.

Los visitantes resaltan muy a menudo la legendaria higiene del país, un ideario suizo que ya fue pormenorizado por el literato francés Michel de Montaigne (1533-1592) cuando éste viajaba por tierras helvéticas en el siglo XVI.

Sólo en muy pocas ocasiones se pueden ver casas desmoronadas. Si los edificios están decayendo se renuevan o se derriban. Es difícil encontrarse con papeles o basura en las calles. Pocos coches muestran señas de óxido.

La exactitud y la puntualidad son valores que la población suiza parece compartir con sus relojes. Un ejemplo puede ilustrarlo: si un tren estuviese aún en la estación dos minutos después del horario indicado de salida, entonces ya se consieraría como un claro retraso en el horario.

Activo a escala mundial pero con raíces regionales

En el ámbito económico se es flexible e innovador, se piensa en dimensiones globales e internacionales. Se confía en el progreso técnico y científico. Pero en la vida privada y política se piensa más bien en dimensiones regionales y se confía en los valores tradicionales.

Incluso aquí se puede trazar una semejanza con la industria relojera. Antiguamente, los relojeros campesinos producían sus relojes en invierno, cuando ya las tareas del campo escaseaban.

Aún hoy, la micromecánica y la microelectrónica permiten al campesinado producir pequeñas obras de arte. Es el caso en el Valle de Joux o en las pequeñas localidades de La Chaux-de-Fonds y Le Locle en el Jura. Sin embargo, el día que estas invenciones tecnológicas son presentadas al público internacional, la ciudad de Ginebra les concede una plataforma mejor acomodada para su comercialización.