En busca del término medio
En un pasado remoto los largos y duros inviernos obligaban a los pobladores de antaño a tomar precauciones y prevenciones para resistir los serios aprietos que la temporada fría trae consigo. El campo de cultivo no era muy espléndido, había que cultivarlo continuamente con diligencia. El abandono podía causar daños irreparables. Ni siquiera el suelo ofrecía riquezas naturales. En los valles los lugares idóneos para el asentamiento eran muy escasos.
Todas estas contrariedades contribuyeron largamente a que el comportamiento de los habitantes fuera moderado y ahorrador con los propios recursos. La comunicación entre los pueblos se dificultaba por razones geográficas. Tanto así, que la estructura montañosa del país impedía muchas veces el intercambio de bienes y personas. De ahí que muchos pueblos permanecieran aislados.
Hoy en día, desde luego, el hombre no es tan dependiente del clima o de la topografía como lo eran las generaciones de antaño. Las montañas ya no son obstáculos. Pero las capacidades y virtudes que los ancestros han elaborado durante siglos siguen inspirando a gran parte de la población de este país. También la ambición y la aplicación son facultades que siguen siendo válidas para muchos suizos.
Es más probable que una pareja suiza inculque a sus hijos que sean personas cumplidoras y trabajadoras antes que brillantes u originarias. En Suiza no se aprecian tanto a las personas excéntricas con ideas extravagantes. Los suizos son más bien gente modesta, razonable, que busca el compromiso y la concordia con sus conciudadanos; es gente diplomática que evita el enfrentamiento en busca de una posición intermedia entre los polos extremos, usando un término medio.
