Intercambio científico
Red europea
Suiza se encuentra en una encrucijada en Europa. Comparte tres de sus lenguas nacionales con países vecinos; por consiguiente, estudiantes suizos nunca han tenido problemas lingüísticos al estudiar en universidades extranjeras. Por otra parte, muchos investigadores y eruditos extranjeros han sido invitados a trabajar en Suiza.
Hace dos o tres siglos, cuando los eruditos intercambiaban sus ideas por medio de la carta, pensadores suizos formaban parte de la red europea de ideas. Albrecht von Haller (1708-77) de Berna, por ejemplo, correspondía con 1.200 personas en 21 países europeos y escribía sobre temas tan diversos como medicina, botánica y economía agrícola.
Eruditos extranjeros
Durante siglos Suiza dio refugio a eruditos perseguidos en su patria por sus ideas científicas o políticas. Cuando la Universidad de Zúrich abrió sus puertas en 1833, todas las cátedras fueron ocupadas por alemanes, muchos de ellos eran refugiados de la frustrada Revolución de 1830.
Esa fecundación mutua entre docentes y estudiantes procedentes de culturas y países distintos sigue vigente hoy en las academias suizas. Solamente la mitad de los profesores en la prestigiosa Escuela Politécnica Federal de Zúrich son suizos. Suiza es muy atractiva para los científicos extranjeros por el alto estándar de la investigación general.
Fronteras abiertas
Suiza ha ratificado la Declaración de Bolonia, que —entre otras cosas— agiliza los trámites administrativos para seguir los estudios en otro país europeo.
El inglés se usa cada vez más como lengua de impartición en las universidades y en los centros de investigación, sobre todo en los niveles más altos, para así atraer a los mejores estudiosos del mundo.
Muchos jóvenes científicos suizos abordan una parte de los estudios en una universidad estadounidense.
«Aquí cada uno puede desarrollarse bien porque en cualquier nivel se ve rodeado por gente de primerísima formación.»
Heinrich Rohrer (*1933), premio Nóbel de física