Biología y Medicina
El actor Christopher Reeve, que en su día encarnó el papel de Superman, siguió de cerca el avance de la ciencia en Suiza. Paralizado del cuello para abajo, desde un trágico accidente ocurrido en 1995 al practicar la equitación, Reeve confiaba en que el neurobiólogo Martín Schwab de Zúrich encontrase una clave para la regeneración artificial de las células nerviosas.
Schwab, un miembro del Consejo de Investigación de la FNS, logró regenerar fibras nerviosas en ratones. Las continuas experimentaciones, que se están realizando en este campo de la investigación neurológica, dan esperanzas justificadas a todas las personas que sufren de lesiones espinales. De hecho, Reeve pronosticaba que la labor científica de Schwab y otros neurólogos europeos y americanos le permitirían algún día recuperar algunas de sus habilidades físicas perdidas como respirar, mover los brazos y quizá incluso caminar.
El mayor logro de Schwab se produjo en 1988. Hasta entonces se creía que la espina dorsal, una vez dañada, no podía regenerarse, porque, a diferencia de otras partes del cuerpo, no contiene «factores que estimulan el crecimiento de masa nerviosa».
Schwab descubrió otra causa para explicar por qué la lesión de células nerviosas de la espina dorsal no es curable: se trata de dos proteínas, que inhiben la regeneración espinal.
Dos años más tarde, Schwab consiguió bloquear el funcionamiento de estas proteínas, con lo cual, la espina dorsal de los ratones empezó a crecer de nuevo. En lugar de operar se limitó a inyectar anticuerpos, que eliminaban esas proteínas en el cuerpo del animal.
Cuatro años más tarde reailzó un tratamiento a ratones con lesiones dorsales, que incluía anticuerpos y una medicina que estimula el crecimiento de la masa nerviosa. Quizá, Superman sea capaz de dar un gran salto instantáneo al tejado de un rascacielos; la ciencia en cambio avanza a pasos pequeños pero resueltos, que desde luego llevan a resultados no menos impresionantes.
Paracelso
La labor científica de Schwab está en perfecta coherencia con la larga tradición de innovaciones suizas en el área de la investigación neurobiológica.
Todo comenzó hace quinientos años. Por entonces, la gente atribuía los trastornos mentales al desencanto de brujas y demonios. Empero, en el siglo XVI, un médico y alquimista renacentista suizo, Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim (1493-1541) -más conocido por su nombre latino Paracelso- expuso, que las verdaderas causas de las demencias eran orgánicas y no diabólicas. Sus escritos sobre las deficiencias mentales condicionaron el modo de pensar de futuras generaciones, que desde entonces trataron de explicar tales fenómenos con argumentos sensatos, dejando de lado los razonamientos supersticiosos.
Ya en tiempos más coetáneos, Alexander von Muralt (el fundador de la FNS y su primer presidente) dirigió indagaciones extensas dedicadas al estudio del cerebro. Fue uno de muchos investigadores europeos y americanos, que examinaron la transmisión de señales en el sistema nervioso, investigando por ejemplo el funcionamiento de la percepción sensorial.
Esta tradición se mantuvo viva por uno de sus sucesores en el cargo, Alfred Petscher, que abrió nuevos caminos en busca de los mecanismos exactos de la transmisión de los impulsos nerviosos en el cerebro.
La labor de Muralt y Petscher tenía como finalidad principal explicar el funcionamiento de la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. Los trabajos de Schwab implican que esa comunicación, una vez quebrada, jamás podrá ser reinstaurada.
Los contactos personales son muy importantes. Schwab se preocupa por eso mucho de mantener vivas las relaciones con personas que podrían beneficiarse de sus investigaciones en el futuro.
